Yo, como la gran mayoría de las personas que convivimos en el mundo, suelo dejar mis quehaceres para el último momento. Escribir por escribir es quizás lo que me mueva y me incite a ser yo mismo, pero para todos ustedes. Antes de tener algo, has de luchar por ello, y con toda la objetividad posible con que puedo actuar, he de decir que viene solo. De nada a un poco, de un poco a mucho y de mucho a más. Puedo llevar razón o dejar de llevarla, pero a quién le importa.
Cierto día vi de lejos a un chaval de unos doce años aproximadamente, con la cabeza baja, la mirada perdida y los sueños rotos. Pensé en acercarme a él y decidí llevar a cabo lo que mis pensamientos creían adecuado. Le pregunté su nombre, no contestó. Le pregunte su edad, no contestó. Le interrogué de tal manera que hasta un mudo sería capaz de contestar, y no contestó. Al cabo de unos minutos vi como sus pálidos labios se abrían para dejar en el aire la palabra ‘Soledad’. No quise escuchar lo que intentaba transmitirme, no hice caso. Me di la vuelta y continué con mi camino, había ido a un parque a reflexionar sobre los últimos problemas que recaían sobre mi persona, a un parque solitario en el que no había nadie. Solía ir a aquel lugar en tiempos anteriores, cuando el amor me sonreía y los estudios silbaban a mi espalda. En invierno todo es distinto, la verdad, junto a la rutina, forma parte de mi vida, de mis días. Levantarme, hacer la mochila, coger la ropa del montón de ropa sin ordenar, orinar, lavarme, vestirme y desayunar. Es lo de siempre…
Rezos al Señor para que algo cambie son en vano, no me escucha. Mis padres, trabajando de lunes a domingo, y yo en las mismas, como siempre. Nunca digas nunca, te verás metido en líos créeme. Empezar de cero hoy es robar al pasado un ayer. Seguir los pasos de las personas de tu alrededor no es lo normal, es lo peor. Deberíamos fijar nuestras expectativas en cambiar lo que los demás hacen mal, ¿no?. No lo hacemos. Estamos seguros de que lo que estamos haciendo es algo malo y que será imposible corregirlo en un futuro, pero lo hacemos, puede que simplemente por probar suerte. Equivocarse forma parte de la ‘cadena hacia la utopía’ de la que os hablaré más adelante.
Miento con frecuencia y hago alarde de lo poco que tengo porque lo tengo. A mi parecer, el Ego es el pilar principal de nuestra felicidad. Y por aquí vamos a empezar. Cierra el libro ya si piensas que eres capaz de pensar en los demás, de ponerte en el lugar de otros, pues después de esto no querrás volver a actuar de tal manera, con tal bondad.
Hablemos de Ego, soberbia, altivez, arrogancia, engreimiento, presunción. Dejemos de lado la falsa modestia que, supuestamente, debe caracterizarnos.