En momentos difíciles, tiempos de crisis, entre enfados constantes y continuas depresiones… hace dos semanas el mundo cambió de color.
Yacía en su cama, tumbado, pensativo, sin ganas de nada. No quería levantarse ni emprender un nuevo día, no quería estar donde estaba ni una milésima de segundo más, necesitaba desaparecer pero había que despertar. De camino al lavabo recordó aquel viejo truco que usaba para olvidarse de todo, dormir. Quiso volver a la habitación para meterse bajo la manta pero no pudo hacerlo, era tarde y el autobús tampoco espera al listo.
Un día más a esperas de una sonrisa. Al salir del portal, cada mañana, acompañado de su madre, emprendía el camino hacia su posterior educación y aquel día hubo de cruzarse en mi camino.
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